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sábado, 8 de diciembre de 2012

LA CONCIENCIA

Ella era la conciencia y los hombres sin ningún pudor la estaban  ignorado, hasta  el punto de desterrarla  a las mazmorras de la indiferencia. Ella, había luchado con uñas y dientes por hacerles ver, que sin ella estarían perdidos. Se negaba a estar en un mundo caótico donde nadie parecía escucharla. Las  ansias de poder, las ambiciones y la falta de escrúpulos, no parecían tener límites.  Sus corazones estaban cegados por un velo de  “deshonestidad”  que les impedía ver sus malas acciones. La irresponsabilidad, las mentiras, las falsas promesas, la codicia,  y un sinfín de depredadores carroñeros,  parecían estar ganándole la batalla. Nadie estaba dispuesto a pagar. Los  errores, las equivocaciones, los fraudes y las culpas, aullaban como pelotas de pimpón que  unos a otros se lanzaban como cuchillos acerados. Cuchillos que en su trayectorias, revotaban en los más desfavorecidos de una sociedad, cada vez más desilusionada. Ella era LA CONCIENCIA,  la voz de la razón, la luz de la verdad, el brazo de la justicia, la línea que separaba el bien del mal. Ella, no estaba dispuesta a permanecer impasible ante tanta depravación, tanta desigualdad y tanta injusticia.

Fustigaría con más fuerza que nunca, a aquellos ambiciosos que la estaban destronando de su reino. Los perseguiría hasta que se dieran cuenta, de que sin ella jamás restaurarían  la dignidad y la justicia. Intentaría hacerles comprender que   sin ELLA,  las puertas de  la mansión del caos se abrirían, para dar paso a una Sodoma y Gomorra de corrupción e injusticia, donde los más perjudicando serían como siempre los más débiles y necesitados de este mundo… 

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