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viernes, 7 de diciembre de 2012

EL ESPANTAPÁJAROS



El sol caía  impío sobre su  maltrecho cuerpo. Los últimos pajarillos que daban sentido a su vida, hacía tiempo que ya no lo visitaban. Sentía la tierra árida y abandonada bajo sus pies. Ya, ni tan siquiera  podía contemplar el inmenso azul del cielo. Sus ojos habían sido su último regalo. Los parásitos se habían instalado en  su interior e  intuía que su final estaba a punto de llegar. Mientras que los oportunistas depredadores devoraban su cuerpo por momentos, suspiró feliz por sentirse útil por última vez.  Ante tanta generosidad, su alma  desnuda en forma de cruz, comenzó a caminar como un calvario ondeando al horizonte. Ligero como el viento y sutil como una pluma, llegó hasta un trigal cuajado de espigas doradas por el sol, donde miles de mariposas y pajarillos lo esperaban sobrevolando  la gran bóveda azul.    
Su entrega e ilusión para con los demás habían logrado el milagro: ser algo más que un simple espantapájaros condenado a estar por siempre clavado en la tierra. ¡Se había convertido en un hermoso espantapájaros lleno de vida!  

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