Caminaba envuelta en melancolía
la mañana sudaba primavera
el sol calentaba los rostros risueños
de los trigales, que, seducidos
por las coquetas amapolas, miraban sus
espigas doradas por el dios astro con picardía.
El cielo sonreía, ellas, rojas como la sangre,
seguían jugando con el viento
mientras que ella…se resbalaba en la savia de la
nostalgia
y ahogaba la pena de su ausencia
en las aguas saladas de sus lágrimas,
para seguir reteniendolas en el frío invierno de su corazón.
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