Camino
lentamente, empujada por la brisa de la vida, envuelta por la quietud de
un horizonte, que suspira y que poco a
poco desaparece envuelto en caricias.
Y
caminando junto a su recuerdo, mi pecho
se abre para respirar, la soledad que entona el silencio de su ausencia, y por
un instante…creo escuchar el canto
efímero de su risa.
Y
el miedo despierta, tomando conciencia de mis heridas, haciendo que mi
alma despliegue sus alas… más allá de mi
propia existencia.
Y poco a poco, la suave brisa de una creciente esperanza rehabilita mi paz perdida...
Y
entonces parece que ni el mundo, ni mi
alma, tuvieran fin.
Y
Sol se va escondiendo en el horizonte, desfigurando como una alucinación
mi propia realidad, surgiendo el yo que fui y que ya no está, y entonces... pruebo a capturar un nuevo
renacer de sueños.

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