Perdí la noción del tiempo, si, lo
confieso. Me dejé embaucar por la inquietud y la apatía de días muy canallas. Reconozco que mi interés se
arrastró impávido tras las rendijas de mi autentico yo. Le dejé vencerme, sin
oposición. Le ignoré, le desprecié y me
mofé de el con alevosía. Noté como me robaba las letras, las ideas…la vida.
Le aplaudí. Sentí la desnudez de la poesía tras mi nuca, el aliento de la
locura, agazapado tras los visillos de la desidia. Mi desidia. Lamí las
ventanas de la rutina, me hice adicta a
su maldito sabor, saboreé su néctar mortecino y me deje vencer
por el óxido aroma de la inercia de los días.Caminé por las avenidas de la orfandad.
Me adentré por sus callejuelas oscuras sin rumbo. Dormí sobre el brocal
de mi yo perdido, hasta encontrar allí…la
puerta del seguir…siempre adelante.
Quién sabe, si movida por los recuerdos
tan maravillosos que habitan en mi corazón, y la necesidad de expresarlos,
grito al universo; Piedad. Pido a la diosa musa que me preñé de palabras; de
algunas pocas, de aquellas que se mecen en el columpio de algún poeta distraído. Para poder
expresar mis sentimientos y sueños.
Hoy, aleteada por alguna benevolente musa y atenta a mí ruego, mis pensamientos se han abierto paso, por entre la nebulosa
de mi obstinada ignorancia y me ha permitido trazar estas líneas o quizás solo…estas frases desordenadas.
¿Es una justificación? Sinceramente no lo
sé. Solo sé que deseaba expresar mis dudas y mi enemistad con las
letras.

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