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martes, 11 de octubre de 2016

¡SIEMPRE QUISO SER ANA!



Su venida al mundo fue una bendición para su madre, para su padre en cambio,  fue un castigo de Dios.  Su niñez transcurrió entre la ternura, el desconcierto  y la  indiferencia.  Mientras conducía con dirección al pasado,  los fantasmas, aún renegados se alinearon  a derecha e izquierda.  Cínicos  y carroñeros  venían dispuesto  a reabrir viejas heridas.   Los miró desafiante y los exterminó pisando con furia el acelerador.  No les  permitiría volver a poner ni un solo stop en su vida.  Las humillaciones y las desdichas mejor en la cuneta.   Al llegar vio que la puerta estaba abarrotada de gente.  Notó  que la humedad la visitaba. Se entristeció.  Después de todo era su padre. Llovieron miradas sobre aquella desconocida joven, cuyas facciones les eran familiares.  Al verla, la mujer de negro se levantó y se abrazó a ella con cariño.  Fue entonces cuando todos los presentes reconocieron asombrados,  la verdadera identidad de la hermosa joven.  Ana  pensó que sin duda alguna su vuelta, daría que hablar durante mucho tiempo a todas las cotillas del pueblo.  

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