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| “De cien luces ceñida su cabeza Argos tenía" |
Este tenía
cien ojos alrededor de la cabeza, de los cuales solamente dos dormían
a la vez; los
noventa y ocho restantes, viendo en todas direcciones, vigilaban sin
tregua a Ío joven transformada en novilla. Júpiter incapaz
al fin de soportar el no poder acercarse a ella, llama a Mercurio, y le manda que dé
muerte al guardián implacable.
"Hizo
entonces más profundo su sueño tocándole los
ojos con el caduceo, y luego lo degolló con su espada, y echó
a rodar peña abajo
la cabeza de cien ojos extintos. Juno tomó esos
ojos, y decoró con ellos la cola del pavo
real, ave que le estaba consagrada" Metamorfosis, Ovidio, Libro I

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